Colegio Internado Sagrada Familia

Autor: Antonio Vallejo Álvarez, Antonio Vallejo Acevedo y Fernando Ramírez de Dampierre

Colaboradores:

Tipología:

Fechas de comienzo/fin:1963-1967

Localización: Calle del Arca Real, 146, 47008 Valladolid

Premios:

Catálogo Docomomo

Publicaciones y enlaces:

Flickr ruheca – reportaje fotográfico por Rubén_HC

Docomomo – Ficha del colegio catalogado en la fundación docomomo ibérico por Darío Alvarez

Izquierdo López, Pablo TESIS: “La re-construcción del Colegio de la Sagrada Familia: A. Vallejo Álvarez, A.Vallejo Acevedo, F. Ramírez de Dampierre, Valladolid 1963-1967” UPC 2010 (Reconstrucción virtual del anteproyecto original)

DOSSIER recorrido arquitectónico por Valladolid, 2013 Ed: Arquia

Colegio Sagrada Familia – Web del centro

Arquitectura: Revista del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid ( COAM ), ISSN 0004-2706, Nº. 74, 1965, págs. 27-34

Guía de Arquitectura de Valladolid. IV Centenario Ciudad de Valladolid. 1996 (pág. 264)

“Doce edificios de arquitectura moderna en Valladolid” Daniel Villalobos (ed. lit) – “Colegio Internado Sagrada Familia”, por Darío Alvarez (pags. 105-119)

MATA, Salvador: “Colegio para los RR. HH. de la Sagrada Familia” en GARCÍA BRAÑA, Celestino y  GRASAR QUIROGA, Fernando (eds.): “Arquitectura moderna en Asturias, Galicia, Castilla y León : ortodoxia, márgenes y transgresiones, Oviedo”, Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, 1998, pp. 270.


Ha escrito este artículo: Ruben_HC | ruheca

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Seguro que no son pocos los que leyendo este artículo se pregunten… ¿pero este edificio está en Valladolid? Incluso en los que viven día a día en este mundillo de la arquitectura. Si, ciertamente lo está, pero no se lamente, es un edificio ubicado en la periferia en un entorno tranquilo dedicado al silencio, la enseñanza y oración.

Situado a apenas 3 kilómetros de Valladolid las casualidades, o no, hicieron que en relativamente poca distancia (apenas 2km) se sitúen tres edificios de uso escolar pioneros de la modernidad en Valladolid. Acompañando al que aquí le comentamos están el Colegio Apostólico de los Padres Dominicos (Fisac, 1957) y el Colegio de San Agustín (Cecilio Sanchez Robles Tarín, 1961).

Cuentan los religiosos mas mayores que cuando vinieron de Madrid viendo ambos colegios y especialmente el de Fisac, dijeron a los arquitectos “queremos uno así”, mas los arquitectos respondieron “si y no, cumplirá su misma función, pero será totalmente diferente”, y lo es.

El Colegio Dominicos de Fisac marca el inicio de una etapa dorada de la modernidad en la ciudad, mas tanto este como el de los Agustinos utilizan un lenguaje muy diferente al del Internado Sagrada Familia. Este colegio bebe de unas nuevas corrientes que mas se acercan a lo que realizó Le Corbusier en La Tourette o al new brutalism inglés; los materiales e implantación son completamente diferentes.

Este edificio pretende mimetizarse con el entorno, pasar desapercibido e integrarse con sus materiales en el. No en vano se desarrolla en una forma muy horizontal de generalmente dos plantas solo superada en la zona de dormitorios. De hecho en el colegio cuentan como anecdota que los arquitectos vinieron de Madrid con una maqueta y viendo el solar la giraron y colocaron de tal forma que respetase el mayor número posible de árboles existentes.

Antes de nada usted debe saber que el edificio que hoy vemos es solo la primera fase del que se proyectó y nunca se llegó a terminar; quedaron sin construir un amplio salón de actos con aulas a los lados, la gran iglesia en el patio central y los tres brazos de aulas al noreste. Motivos económicos y la no-necesidad de mas espacio dejaron el colegio tal como está hoy, solamente en 1975 se construyó un cuerpo de aulas donde inicialmente estuvo previsto el salón de actos.

Asumiendo lo aprendido de los monasterios el edificio se dispone en torno a un patio central encerrado por un claustro que sirve de pasillo cerrado de acceso a las estancias y relación. Al sur se dispone la crujía mas visible, de dos plantas que en la planta baja alberga las estancias públicas, aulas infantiles, el acceso a través de un bello porche, una pequeña iglesia pública que se improvisó tras no construir la inicialmente planteada con un esquema similar aunque resultando algo escueta y la hospedería en el extremo contrario. Esta se corresponde en la planta superior con la iglesia mas privada al final del largo pasillo que ordena los dormitorios (celdas) de los frailes. Resultan especialmente destacados estos espacios de la planta primera: la iglesia con su vidriera labrada en el hormigón curvado, su mobiliario y las luces indirectas introducidas por la pared del fondo; y las celdas, con su espacio reducido que incluía un pequeño escritorio, sistema de ventilación en el cerramiento de madera (aun conservado) y terraza hacia el sur.

En el ala en el ala suroeste, a la izquierda según entramos se encuentran los espacios mas potentes espacialmente: el comedor y las cocinas. Especialmente el comedor destaca por su impresionante espacio cubierto a dos aguas mediante porticos de hormigón rematados en diente de sierra que permite introducir luz derramada por el faldón. Luz que se suma a la que entra por los ventanales que dan al patio y la galería, magnificando la conexión visual, muentras que al otro lado, las aberturas son menores para conectar con el bloque de cocinas el cual se resuelve con un sistema similar de cubiertas inclinadas, aunque esta vez ambos sentidos se maclan para generar una gran campana de extracción y luz natural.

En el ala opuesta, noreste, el pasillo-claustro adquiere mayor anchura doble para servir de espacio de relación entre los alumnos y como previo a la salida a la zona deportiva ubicada donde inicialmente se plantearon las aulas, grandes ventanales conectan con el patio central mientrs que hacia afuera ventanas rasgadas permiten ver en el horizonte el paisaje y en él el colegio PP Dominicos.

Hacia el ala noreste, opuesta a la entrada, se situan dos edificaciones de forma similar pero diferente uso separadas del patio por un pequeño pasillo. En el centro el nuevo bloque de aulas de poco interés salvo en la elección de materiales mientras que al lateral otra de las piezas mas destacadas del complajo, los apartamentos de alumnos. Estos se resuelven en dos niveles subdivididos en cuatro entreplantas con un ingenioso diseño, para empezar la escalera que les da acceso, no se la pierdan porque es magnífica en sus materiales, es doble, dando cada tramo acceso a alas diferentes. Una vez dentro, varias salas abiertas se organizan de forma simétrica en dos niveles resultando la zona central en un nivel intermedio desde el que los vigilantes de los alumnos tenian un completo control visual de la sala y sus ocupantes, además de ubicarse allí los lavabos comunes, no así las duchas que se ubicaban en una sala cerrada. Un espacio cuidado al detalle pues los radiadores de metal se integran con las barandillas también metálicas, los armarios son almacenaje en una sala y cabecero en la contigua…

Y es que este edificio está repleto de detalles, no en vano casi da para una tesis. Los materiales son tratados con sumo mimo y técnica sacánoles todo su pontencial. Tanto es así que muchos de ellos aun son los originales: las carpinterías y muebles diseñados ex-profeso en madera de pino, los suelos cerámicos y de piedra de campaspero, revestimientos… Materiales con texturas como el ladrillo tosco , el hormigón entablillado, los revestimientos blancos rugosos… pensados para verse, tocarse, jugar con la luz y reflejar la austeridad y sencillez de la orden religiosa. Detalles singulares que aportan esencia al edificio reinterpretando elementos tradicionales y antiguos como el campanario de la capilla hacia el patio, las gargolas de la recogida de aguas, el remate de borde de la cubierta, la ventana del portero de acceso inspirada en los rollos de los monasterios, el mural de la entrada labrado en el mismo hormigón estructural, las ventanas rasgadas que nos mantienen siempre en conexión con el patio (en aulas, acceso, salas…), el alero que protege la puerta de acceso a la hospedería y se curva para recoger la luminaria, las gárgolas en “J” (no la habitual “U”) de los balcones de las celdas…

En resumen, una arquitectura sincera, detallista e intensa pero a la vez silenciosa y casi desapercibida… hasta que uno se detiene a contemplarla. Casi todo lo que les cuente es poco comparado con una visita, no lo duden, si dan un paseo por la senda de Arcas Reales aprovechen para disfrutar de este gran edificio en perfecta armonía con la naturaleza.

 

Personalmente, a un servidor, le gusta definir estos edificios como sensoriales… incluso kinestésicos (quien les escribe es una persona profundamente kinestésica). Edificios que son un amplio disfrute para los cinco sentidos, las vistas naturales, las luces que se introducen rasgando los paños de cubierta o por minuciosos recovecos, los sonidos y olores de la naturaleza, el runrún de las aulas adormecido por los espacios de pequeñas alturas y magnificado por otras grandes cubiertas, el tacto del material sincero con su textura original…

Fotos cortesía de Rubén_HC | ruheca.com | Planos y fotografías antiguas cedidas por Darío Álvarez

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