BODEGA PAGO DE CARRAOVEJAS

Autor: AMAS4arquitectura

Colaboradores: Pablo Guillén

Tipología:

Fechas de comienzo/fin:2003-2013

Localización: Peñafiel (Valladolid

Premios:

Publicaciones y enlaces:

Enblanco n.10

CIAB II

CIAB V

Museo Patio Herreriano

Cheers! Wine Cellar Design

Enor VI


Ha escrito este artículo: Pablo Guillén

Búsqueda por Arquitecto

Este proyecto pertenece a una serie de obras de los mismos autores con las que se pretenden indagar en una masividad liberadora de espacio que convierte en protagonista a lo que no se hace. Ese espacio en blanco, en forma de patios, sustracciones o vacíos, articula todo el edificio. La luz se administra mediante aberturas indirectas y singulares. La estructura se resuelve con grandes elementos superficiales, que se manifiestan como cerramiento. Gracias a esta acumulación de masa portante se liberan grandes paños de fachada, con los que gestionar sombras y transparencias de singular valor plástico. El hormigón, en distintos tonos, permite conseguir la pretendida continuidad sobre la que abrir huecos significativos.

Toda la propuesta para la ampliación de Pago de Carraovejas busca mantener las antiguas naves en las que nació la bodega, con una apariencia exterior sin especial identidad, envolviéndolas con las nuevas edificaciones. La situación en ladera, permite que el ciclo del vino se realice por gravedad, con la descarga de uva en el nivel superior, la fermentación en un nivel intermedio y la crianza y expedición en la cota inferior. Por eso las naves de crianza, en hormigón blanco, se entierran en el talud, mientras las zonas representativas en hormigón color uva, emergen para abrirse al deslumbrante paisaje presidido por el castillo de Peñafiel, en medio de los viñedos propiedad de la marca.

Los edificios de visitantes y administración constituyen la imagen exterior de la bodega. Aprovechan la topografía con una línea quebrada que articula varias plazas a distintos niveles. Así se diferencian los distintos accesos que precisa la actividad.

Las fachadas son dos planos paralelos, entre los que se crean amplias terrazas corridas y vuelos que proporcionan sombra sobre el cerramiento de vidrio. Esos miradores longitudinales acompañan y enmarcan la mirada, acotando el paisaje desde la arquitectura.

Los diferentes usos se han unificado con un tratamiento homogéneo de hormigón teñido de color uva que aporta calidez tanto al exterior como al interior del edificio. La madera de roble de las barricas se extiende por el edificio en los falsos techos y en los pavimentos de uso no industrial.

En todo el proyecto se han incorporado sencillos recursos de ahorro energético, como láminas de agua, cubiertas ecológicas, rellenos de tierra natural, pantallas regulables exteriores, muros gruesos y falsos techos ventilados.

Fotos cortesía de Pototo Díez + Amas4arquitectura

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